La Pedagogía de la Pregunta: Diálogo, Transformación y Memoria en Freire
Este mapa conceptual explora la pedagogía de la pregunta como un proceso dialógico de aprendizaje, transformación social y resistencia frente a la educación bancaria y la lógica del capital.
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主题:
inquietudes e incertezas sólo podemos expresarlas en el
movimiento perenne de la pregunta.
el esquema de acción programa-proyecto-proceso que lleva
consigo la sistematización y Re problematización de las situaciones y
acontecimientos
Son estas situaciones en las cuales las mujeres y los hombres
practicamos la transformación de manera integral, singular y común, y en ellas
las conciencias dejan de estar aisladas, si en algún momento lo estuvieron,
entran en y con relación, entran en y con mediación para, de manera firme pero
quizá discontinua, abandonar los meros dominios de la razón y ampliar nuestros
contactos con la realidad a través también d..- otros dominios puede que
olvidados, entre ellos, aquellos relacionados con el sentir en sus quehaceres que
enraízan en una perspectiva y guía politica que suscita la posibilidad y la
potencialidad de enseñar y aprender en y de nuestras experiencias singulares y
comunes, siempre compartidas, a las cuales hacemos hablar con palabras, gestos,
miradas... a las cuales habremos de interrogar haciendo real y efectiva la
doble dimensión de que las personas humanas somos “seres programados para
aprender”. Como plantea Freire:
convivir con la cotidianidad del otro es una experiencia de
aprendizaje permanente. Siempre decía eso en casa, a nuestras hijas y a
nuestros hijos. Porque, mira, una de las características fundamentales del
comportamiento cotidiano es exactamente la de no preguntarnos por él. [...] De
hecho, es un aprendizaje difícil, un aprendizaje diario. Basado en mi larga
experiencia (viví casi dieciséis años de exilio, aprendiendo diariamente), creo
que puedo decir que no es fácil. A veces uno se desanima en este proceso de
aprender sin olvidar el pasado. Aprender cómo tratar con el diferente en cierto
modo hiere las marcas culturales que traemos con nosotros en el alma, en el
cuerpo. A menudo me cansaba también. Pero luché constantemente, en el sentido
de vivir la experiencia del equilibrio entre lo que me marcó de manera profunda
en mi cultura y aquello que comenzó a marcarme, positiva o negativamente, en el
con texto nuevo, en el contexto diferente.
Así es como entendemos la actualidad de Freire, en diálogo permanente
con otras y otros, en una educación como proceso de relación y mediación, de
producción de conocimiento y de búsqueda de belleza, de expresión y formación
ética y política, de co/cre-acción y cooperación, situada-en-contexto, como
movimiento perenne de indagación; de autovalorización y asociación, de
crecimiento y de esperanza de la condición humana y, en él, esa educación
deriva y es atravesada ñor una. educación de la memoria donde el testimonio
-que es pregunta y respuesta, archivo y visión, experiencia vivida y narración,
investigación y convivencialidad— reabre el proceso de lectura y escritura que
es siempre interrogación y, sobre todo, ir más allá de contar historias más o
menos sistematizadas I problematizadas, ir creando-construyendo-constituyendo,
en un sentido pleno, los lugares y los dispositivos que posibiliten que la
historia, singular y común, pueda hacerse y, de esta manera, facilitar
poiédcamente y práxicamente que las mujeres y los hombres tengan contenidos y
atributos liberados y las huellas y las marcas de esos conceptos, perceptos y
afectos, vestigios y/o atisbos oprimidos y del pasado vayan transformándose en
un horizonte de cooperación, solidaridad y amor como desafío. Una educación de
la recordación y, por tanto, de la pregunta que, en primer lugar, nos facilita
el hecho de preguntar, de abrir el diálogo y, con él, de situarnos en un tiempo
y en un lugar, en y con los otros en relación y mediación con ellos, en
situaciones y contextos que, de esta manera, conllevan una dimensión política
de la memoria y también de la educación que implica, necesariamente, pensar y
activar el presente en acto y en potencia, que posibilita el proceso real y
actual de lectura y escritura tanto de la palabra como de la realidad como
deseo-interés-necesidad de una alfabetización que otorga valor a la palabra en
torno a la facultad de nombrar y trans formar las condiciones ideológicas,
sociales y políticas, y a su simultánea recreación, pues: Leer es un proceso
abierto, y el verdadero maestro no es aquel que interpreta el texto de una manera
y trans mite esta única interpretación a sus alumnos; el verdadero maestro no
es aquel que revela El Sentido del texto, sino aquel que sitúa a sus alumnos en
el camino de la interrogación.
El camino de la interrogación, como Freire y Faundez muestran
en el diálogo abierto de pedagogía de la pregunta, significa e implica la
apertura al (otro que la propia palabra sugiere, requiere. Simultáneamente,
opera también una apertura a un tiempo y a un querer vivir -singularidad y
corporeidad, hospitalidad y creación social, acogida y mediación, pasión y
reconocimiento, autoridad y testimonio- y comporta un abrirse, además, a la
alteridad -carácter fundamental de la materialidad-, que nunca será
autoafirmación ni mera habilitación, sino diálogo e interacción y, muchas
veces, conflicto y enfrentamiento, constitutivos ambos de una relación y/o
mediación dialógica entre personas y entre la palabra propia y la ajena —ambas
ha bitadas—, entre personas, palabras y el mundo donde subyace el carácter
netamente dialógico del sujeto (como inquietud y curiosidad, como inconclusión)
y la potencia de la libertad y la autonomía del ejercicio de la propia voz y
del propio cuerpo, en juego y contexto con otras voces y otros cuerpos,
indisoluble mente ligados al proceso de liberación: Decir la palabra es el
derecho a convertir-se en parte de la decisión de transformar la realidad. Leer
la palabra dicha, desde esta perspectiva, presupone la reinvención de la
sociedad de hoy en día. Dicha reinvención exige, por otro lado, la reinvención
del poder.3 “Se puede leer la realidad como si fuese un texto”, y ese pro ceso
de lectura, acompañado por otro simultáneo de escritura, está atravesado por un
doble vector de indagación e interpretación; formular las interrogaciones
pertinentes sobre el acontecimiento y el tiempo y los lugares que indica, las
mujeres y hombres que lo hacen posible y su participación activa, los
movimientos que conlleva, la vida como desafío que emerge, los sentidos y
significaciones, las interacciones producidas, etc., para no sólo reconstruirlo
sino, sobre todo, hacer presente aquellas ideas, prácticas y usos que llevan
consigo una dimensión emancipadora y que, una vez arrancada conforma una
herramienta, o un dispositivo, potente y esperanzador, real y efectivo, para la
constitución de una libertad liberada, de una subversión realizada que nos
facilite volver a tomar la palabra, singular y colectivamente, y con ella,
volver a expresar las creaciones sociales que hemos pergeñado, los valores que
hemos producido, las nuevas relaciones y mediaciones políticas que hemos
edificado, arrebatándoselas al dominio del mercado. Hay que leer el mundo como
si fuese un texto, sustrayéndose al poder y al dominio, a la opresión, puesto
que: “Allí donde hay poder, no hay comunidad. Allí donde hay poder, no hay
amor, responsabilidad, compasión, simpa tía. Allí donde hay poder, no hay
esperanza”.4 Esa lectura de la realidad y del mundo que es, en primer lugar,
una interrogación que enciende la chispa de la esperanza y de la comunidad, ha
de ser siempre una lectura hecha desde la perspectiva de los vencidos, de los
oprimidos, y nos ha de capacitar para una lectura de aquello que fue escrito,
pero también, sobre todo, de “lo que nunca fue escrito”. En lazándose con una
de las tesis propuestas por Benjamín, esta interrogación debería hacerse
siempre a contrapelo. De esta manera, podrán aparecer las palabras y los
acontecimientos no escritos, y también aquellos mal escritos que no dan cuenta de
las palabras y los acontecimientos de los vencidos y de los oprimidos. Por otra
parte, y en segundo lugar, esa lectura de la realidad traslada a la
interrogación, como perspectiva abierta al vector dialógico, la génesis de un
modelo educativo y ético-político que ha de anular la excepcional: dad y uni-
lateralidad del acto de aprender y enseñar bancario y, al mismo tiempo, ha de
potenciar y valorizar al “sujeto del conocimiento histórico [que] es, por
supuesto, la clase obrera que lucha”,5 es decir, aquellos y aquellas que tienen
la experiencia de luchar contra la opresión, a favor de la liberación, aquellas
y aquellos que leen el mundo a contrapelo y Re problematizan acciones y
experiencias, acontecimientos y luchas, etc., generando comunidad y amor,
esperanza y compromiso. En tercer lugar, la indagación-interrogación-pregunta
complica necesariamente una triple dimensión denunciadora, pronunciadora y
anunciadora que supone un movimiento de crecimiento y maduración de los
sujetos-en-proceso y de los procesos-en-sujetos, así como una posición ante los
demás y el mundo en el propio proceso de conversación y de lectura y escritura
del mundo. Repitamos lo que dice Freire: un convivir con la cotidianidad del
otro es una experiencia de aprendizaje permanente. Siempre decía eso en casa, a
nuestras hijas y a nuestros hijos. Porque, mira, una de las características
fundamentales del comportamiento cotidiano es exactamente la de no preguntarnos
sobre él (p. 49). En ese proceso vital de confidencialidad y reconocimiento del
otro como legítimo y diferente, inmerso en un contexto histórico y atravesado
por el relámpago de la conciencia, también histórica, que facilita el diálogo,
conseguir descubrir que la vorágine revolucionaria comienza en la vida
cotidiana, en las acciones concretas que realizamos a diario. Como propone Raúl
Sánchez: “Acaso nuestra tarea hoy consiste en saber cómo trabajar, cómo extraer
y componer las excedencias, los nuevos perceptos y afectos mutantes de nuestras
materias de expresión: la corporeidad colectiva, los territorios existencia-
les de la multitudo posfordista en liberación”.0 A través de la lectura y la
escritura de la realidad y el mundo y, con ellas, de la consideración básica y
absolutamente radical de que el inicio del conocimiento tiene sus raíces en el
preguntar, en una espiral inacabada, como nosotros mismos, de preguntas que
expresan tanto nuestra inquietud y curiosidad como nuestra disposición a
aprender que imbrica las indagaciones vividas como las expresadas en la cita de
Raúl y, al mismo tiempo, el anuncio y propuesta del programa-proyecto-proceso,
en el cual estamos inmersos, de creación singular y social desde una educación
de la libertad, desde una educación de la autonomía, desde la acción y la
transformación de las mujeres y los hombres y del mundo en el que convivimos
pues, como dice Freire: “La existencia humana está, porque se hizo preguntando,
en la raíz de la transformación del mundo. Existe una radicalidad en la
existencia, que es la radicalidad del acto de preguntar” (p. 76). La otra parte
de la frontera porosa y permeable es la per- formatividad del capital, que
opera modificaciones y trans formaciones efectivas en nuestros cuerpos y
mentes, en los lugares, territorios y comunidades de convivencialidad;7 per-formatividad
que, podríamos decir, opera a través de una pedagogía del capital,8 en sentido
amplio, que adapta, plantea y desarrolla respuestas seductoras, reductoras y
autoritarias, bancarias e inhabilitan tés, no sólo en los lugares y dispositivos
educativos formales sino que se expande, invade y ocupa los informales y
no-formales produciendo las figuras y los paisajes del capitalismo actual que
subsume, en su interior, todas y cada una de las posibilidades de vida que
deseamos implementar y desagradaria las mujeres y hombres a meros
usuarios-clientes-consumidores. Mientras tanto, las mujeres y los hombres
intentamos sustituir los valores técnicos por valores éticos realizados,
producir, desde las experiencias y las luchas, palabras, pues es allí donde son
fabricadas, y también enraizadas y encarnadas; movilizan las pasiones y los
afectos alegres, recombinándolas y vivificán dolas, haciendo creación singular
y social, potenciando la libertad y la dignidad humanas, conformando un querer
vivir como desafío, desde una pedagogía de la pregunta, desde una pedagogía de
la libertad y la autonomía.
EL ACTO DE PREGUNTAR Cómo ii más allá de una pedagogía de
las respuestas
antonio faundez: Pienso que, en este diálogo, podríamos
partir de temas o de nuestras experiencias concretas. En el primer caso,
discutiríamos conceptos determinados, cómo se aplican a la realidad, cómo se
transforman en la medida en que van siendo aplicados a realidades diversas,
etc. En el segundo, podríamos hablar de nuestra experiencia en Africa y en
América Latina; de experiencias que nos sean comunes a ambos o aun de aquellas
que no lo sean. Paülo freire: O, también, de una combinación de las dos hipótesis.
Al asociar ambas posibilidades, creamos un espacio de libertad en el que la
espontaneidad de cada uno de nosotros tendrá un cierto papel en el desarrollo
de los temas. Es una buena idea, creo. De cualquier manera, sin embargo, me
parece que deberíamos, dialógicamente, hacer una especie de introducción al libro
que estamos empezando a “hablar”. La introducción en cuyo cuerpo fuésemos no
sólo apuntando este o aquel tema o esta o aquella experiencia a tratar, sino
que ya los tomásemos como objetos de nuestra reflexión.
¿Por qué un libro “hablado”? Pienso también, por ejemplo,
que sería interesante decir a sus posibles lectores y lectoras que la idea de
que hagamos juntos este libro, si bien no nació propiamente, se reavivó durante
una velada en tu casa, hace más o menos seis meses, regada con buen vino
chileno y acompañado por unas empanadas tan buenas como el vino. Hoy estamos
aquí en Ginebra, de nuevo, en tu estudio, para comenzar la tarea que nos
habíamos propuesto. Y tengo la impresión de que, en este primer momento de
nuestro trabajo en común, deberíamos decirles a las personas que mañana
elegirán este libro para leerlo algo sobre por qué decidimos hacer un libro
como este, por qué un libro “hablado”, por qué no un libro escrito a dos manos
-donde hubiera capítulos tuyos y capítulos míos— o por qué no dos libros, uno
escrito por ti, otro escrito por mí. También me gusta ría contarles a esas personas
que los dos vamos dialogando. Un fragmento lo digo yo, otro lo dices tu. Y que
vamos así ¡desafiándonos en esta primera conversación en la que, al mismo
tiempo, nos estamos preparando -al experimentar el proceso de “hablar” el
libro- para llevar a cabo nuestro, proyecto. Yo me arriesgaría a decirles a los
lectores algo sobre por qué decidimos hacer un libro así, de esta manera. En
primer lugar, y no sé si estarás de acuerdo conmigo en eso, creo que esta es
una experiencia intelectual interesante, rica, realmente creativa. Una
experiencia que no me es ajena. Desde hace dos años vengo trabajando de esta
forma, y nada me sugiere que deba desistir de hacerlo. De hecho, hablar” un
libro de a dos, de a tres, en lugar de escribido solo, rompe un poco con la
tradición individualista de la creación de la obra y nos saca de la intimidad
gustosa ¿por qué no decirlo? de nuestro cuarto de trabajo: nos sitúa, abiertos
el uno ante el otro, en la aventura de pensar críticamente.
En nuestro caso, nos conduce a pensar una práctica impregnada
de temas, de la que ahora participamos juntos, ahora separados. Y este pensar,
que en el fondo es un repensar, tiene que ver, por un lado, con lo que yo,
junto con otros, hice directamente en África y en otras partes del mundo
mientras trabajaba en esta casa y sobre lo que tantas veces discutí contigo;
por el otro, con lo que tú hiciste cuando me reemplazaste en el Departamento de
Educación del Consejo a raíz de mi regreso a Brasil en junio de 1980. Recuerdo,
por ejemplo, un trabajo que hicimos juntos, aunque no dialógicamente como
estamos haciendo ahora este libro. Me refiero a los textos que escribimos
separados para la alfabetización y la posalfabetización de Santo Tomé y Principe,
pero que sometimos al análisis de ambos. Ahora, convencidos de la validez de
hacer juntos este libro dialógico, sin pretender de modo alguno invalidar el
esfuerzo de escribir solos -pues tanto tú como yo, junto a un sinnúmero de
intelectuales, continuamos escribiendo nuestros textos de manera individual-,
estamos aquí sentados frente a una mesa para “conversar un libro. Y al hacerlo
estamos aceptando, responsablemente, exponernos a una experiencia significa la
del trabajo en comunión. Sin embargo, eso no significa bajo ningún concepto que
nuestro actual empeño niegue o anule aquello que sea manifiestamente mío o
tuyo, en tanto expresión más profunda de cada uno de nosotros, en el producto
final y común. Este hacer en comunión, esta experiencia dialógica me interesa
muchísimo. Como dije antes, lo estoy haciendo en Brasil y acabo de vivir algo
semejante en Canadá, en Vancouver, donde “hablamos" un libro con un gran
intelectual norteamericano, Ira Shor, y ensayamos responder algunas de las
preguntas que nos hicierón los alumnos y oyentes durante nuestras andanzas por
diferentes centros universitarios de los Estados Unidos y Canadá. Debo decir
que este tipo de experiencias me han enriquecido, pero también debo
en cierto sentido repetir que participar en ellas no
significa renunciar a escribir textos en solitario. Y lo mismo te ocurre a ti.
Pienso, con todo, que entregarnos de vez en cuando a la tarea de trabajar, de
crear juntos, buscando superar la tentación de estar siempre solos, de escribir
solos, es un tes tim onio intelectual que tiene sentido, que tiene valor. Las
experiencias de las que hablamos, sobre las que discutimos críticam ente y que
van fijándose ahora en la grabación de nuestro diálogo emergen en un discurso
vivo, libre, espon táneo y dinámico. Es importante, sin embargo, subrayar que
la vivacidad del discurso, la levedad de la oralidad, la espon taneidad del
diálogo, en sí mismos, no sacrifican en nada la seriedad de la obra o su
necesaria rigurosidad. Hay quienes piensan ingenuamente que el rigor en el
análisis sólo existe cuando alguien se encierra entre cuatro paredes, tras una
puerta muy segura, cerrada con una llave enorme. Sólo ahí, en la intimidad
silenciosa de los libros o de los laboratorios, sería posible la seriedad
científica. No. Yo creo que aquí, en cerrados pero a la vez abiertos al mundo,
inclusive a la natu raleza que circunda tu despacho, podemos hacer y estamos
haciendo algo científicamente serio y riguroso.^Es el estilo el que es
diferente, en tanto que oral. Y por eso mismo más liviano, más afectivo, más
libre. \\ Bueno, esta es la primera opinión que yo les daría a los probables
lectores sobre por qué decidimos hacer un libro hablado”. No sé si tú añadirías
algo, como continuidad de esta suerte de introducción amena y común. a n io n
io : Estoy de acuerdo contigo en este análisis, sobre todo en lo que respecta a
la ruptura de la acomodación intelectual, o sea, esta tentativa nuestra de
hacer que el trabajo intelectual sea un trabajo colectivo. Y, sin duda, el
método que más se presta a ese tipo de propuesta es el diálogo. Porque, en
efecto, nosotros estamos conversando desde que nos conocimos, en noviembre de
.1978, cuando comenzó un diálogo jamás inte- ri umpido. Y lo que estamos
haciendo ahora no es sino una nueva etapa en nuestra historia dialógica, pues
seguramente recordarás que fue una entrevista a nuestra amiga Ligia Chiap- pini
lo que nos permitió conocernos y comenzar a dialogar